La dificultad de ser Julieta

 

No es fácil seguir el camino

cuando todo está lleno de basura,

de escombros,

de las raíces muertas que dejaste.

No es fácil seguir andando

sin caerme a cada instante

que tropiezo con lo que pudo ser.

No  fue fácil coger un avión

e ir a buscarte

para autoproclamarme  Julieta,

y descubrir que no había Romeo,

que me había enamorado del veneno.

 

20/10/2015

 

© Pobre Julieta

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IMperfecta

¡Mira qué bonita!

Es una princesita,

toda una señorita.

¡Qué modales!

¡Qué lenguaje!

Cómo se sienta,

cómo camina…

¿Quieres conocerme?

Soy bohemia,

soy lo raro,

soy lo exiliado,

lo decadente,

agridulce,

y deshabitado.

¿De verdad qué quieres conocerme?

Ven conmigo,

pero antes…

lánzate al barro.

 

© Pobre Julieta

El cangrejo

Temo que llegue la noche, porque sé que durante todo el día él está acechando, pero cuando llega el momento de irme a la cama, es cuando aparece. Yo me tumbo y procuro no pensar en él, porque sé que los pensamientos tienen una fuerza evocadora que convierte lo imaginario en real, pero es inevitable.

En medio del silencio lo observo deslizándose por la rendija de la puerta. Sus pinzas relucen aunque todo este a oscuras, entonces me digo a mi misma: “No te dejes vencer” “¿Otra noche que va a poder contigo?”. Cuando quiero convencerme ya noto sus pequeñas y delgadas patas de araña correteando entre los dedos de mis pies, mis ojos comienzan a humedecerse, entonces sé que es demasiado tarde y ni siquiera opongo resistencia. Él lo presiente todo, y en cuanto percibe mi resignación, clava sus tenazas en mis piernas, entonces lloro, primero con miedo y luego a borbotones, aunque siempre es un llanto silencioso, no quiero que nadie sospeche que él está allí.

Poco a poco va ascendiendo por mis muslos, cuando llega al estómago vuelve a introducir allí las tenazas y revuelve mis entrañas como si fuesen una lavadora, es cuando empiezo a tener náuseas, quiero levantarme a vomitar pero el llanto me puede, me debilita, me inmoviliza y me dejo hacer. Cuando se aburre sigue subiendo y se clava en mi pecho, y yo empiezo a tener problemas para respirar, cada vez me cuesta más. Llega un momento en el que el aire entra en mi organismo a golpes y sin hacer efecto, como si alguien hinchase la rueda parcheada de una bicicleta.

Pero nunca es suficiente para él, así que trepa hasta mi cuello y con saña me clava las tenazas en la yugular, entonces el llanto se detiene y con él la respiración, noto sus pinzas, una a cada lado de mi garganta bloqueando cualquier hilo de aire que pudiese inhalar, unos segundos de silencio, me domina, me duermo.

Cuando me levanto al día siguiente ya no está. Nadie a mi alrededor ve nunca al cangrejo.

 

© Pobre Julieta

Nuestra casa

 

Camino sobre los cristales,

sobre las ascuas de las vigas quemadas,

sobre los cuchillos y los tenedores.

 

Camino sobre las cenizas de los libros,

las conchas ahora hechas trizas,

que un día recogimos en la playa.

 

Camino sobre la sal añadida…

eso es lo que queda de nuestra casa.

 

Camino hacia ti,

descalza…

pero cuanto más me aproximo

más te alejas

llevas unas bonitas y relucientes botas negras.

 

© Pobre Julieta

Motel

 

Me miré al espejo

y le escupí al reflejo

por haberte perdido.

 

Me encerré en mi cuarto,

entre los cristales rotos de las copas que bebimos,

y la cera muerta de las velas que alumbraban los gemidos.

 

Y después nada…

Tú ya sabías

que yo era un motel en tu camino.

 

¿Para qué coño insistes?

¡Que no amor mío!

que estas aspas ya no las guían tus vientos podridos.

No volveré a tus sábanas ocre, de esparto tejido.

 

Se han fundido las luces de neón

que anunciaban el destino,

piérdete entre polvos de camino.

 

© Pobre Julieta